Francisco Valenzuela profundiza en la figura de Cabeza de Vaca

20 de enero de 2026

El doctor jerezano destaca la figura de Álvar Núñez más allá del tópico conquistador

La Real Academia San Dionisio celebró en la tarde del martes 20 de enero, dentro del ciclo Medicina y Sociedad, la conferencia titulada «Álvar Núñez Cabeza de Vaca, el humanista conquistador de los indígenas. La epopeya del Hijo del Sol», a cargo de Francisco Valenzuela Sánchez, doctor en Medicina y Cirugía y especialista en Medicina Intensiva. Investigador del CIBERES (Instituto de Salud Carlos III), facultativo especialista del Hospital Universitario de Jerez y profesor asociado del Departamento de Medicina Interna de la Facultad de Medicina de Cádiz, el ponente fue presentado por Juan Carlos Durán Alonso, académico de número y coordinador del ciclo.

Valenzuela propuso desde el inicio una lectura que va más allá del tópico del conquistador, al definir a Cabeza de Vaca como un sanador y líder entre los indígenas, alguien «muy inteligente» y «muy formado», capaz de afrontar todas las tareas que le exigió un periplo extremo por el Caribe y el interior del continente. Subrayó la aparente paradoja de un personaje «desconocido en la calle» —especialmente en su ciudad natal— pero ampliamente reconocido en el ámbito internacional, pese a haber sido etiquetado durante siglos como «perdedor» por no haber conquistado territorios. En ese sentido, defendió que su verdadera conquista fue otra: la de las personas con las que convivió, logrando un aprecio que, a su juicio, muchos otros conquistadores nunca alcanzaron.

La conferencia recorrió el perfil histórico del jerezano —nacido en 1490 en el seno de una familia hidalga, tercero de seis hermanos— y fue desgranando aspectos biográficos y documentales, con especial atención a la precisión del nombre y apellidos del personaje. A partir de ahí, se adentró en el núcleo del relato: la expedición de la Armada de la Florida liderada por Pánfilo de Narváez, el abandono de los barcos, las decisiones que precipitaron la tragedia y el naufragio que terminaría llevando a los supervivientes a la isla que Cabeza de Vaca llamó Mal Hado (la actual Galveston). Valenzuela reconstruyó el itinerario y defendió la magnitud de una odisea real: una década marcada por huracanes, hambre, esclavitud, caminatas interminables y una supervivencia que redujo la expedición a cuatro supervivientes.

Uno de los ejes centrales fue el valor de la obra «La Relación», conocida más tarde como «Naufragios», cuyo contenido —recordó— llegó a considerarse durante mucho tiempo una novela, hasta que los avances de las ciencias y la investigación histórica han respaldado su veracidad y su aportación. En esa línea, situó a Cabeza de Vaca como historiador, etnógrafo y antropólogo, destacando el nivel de detalle con el que describe tribus, costumbres, alimentación, organización social y formas de vida, en un contexto cultural que calificó como un «choque» de civilizaciones, con pueblos que vivían en un estadio equivalente al Paleolítico y sin agricultura, siderurgia ni rueda.

El ponente dedicó un apartado especialmente interesante a la relación del protagonista con la medicina y la cirugía, en buena parte nacida de la necesidad. Relató cómo, en Galveston, los indígenas les exigieron convertirse en «físicos», curando con soplos y manos, bajo la amenaza directa de retirarles la comida. A partir de ahí, explicó que el jerezano supo combinar prácticas rituales y oración, y que el texto recoge episodios de gran interés clínico: trastornos gastrointestinales, fiebres, picaduras, técnicas de cauterización y referencias a intoxicaciones y estados alterados. Entre los pasajes más llamativos, Valenzuela destacó el episodio de una resucitación, cuando Cabeza de Vaca describe haber hallado a un hombre «sin pulso» y con señales de muerte, que después de ser santiguado y atendido volvió a levantarse, un hecho que, según expuso, reforzó su prestigio y autoridad entre los indígenas.

Asimismo, defendió que su aportación alcanza un significado pionero al considerarlo el primero en realizar una apertura torácica con fines terapéuticos, diferenciándola de otras prácticas rituales conocidas en el continente. En conjunto, Valenzuela insistió en que Cabeza de Vaca representa un perfil humanista, ético y moral, defensor de una conquista pacífica y respetuosa con los nativos, y ejemplo de resiliencia y pensamiento adelantado a su tiempo.

En el tramo final, el conferenciante abrió un debate sobre Jerez y su héroe, repasando qué reconocimiento conserva hoy la ciudad —monumento, instituto, calle— y qué iniciativas podrían reforzarse para situarlo «en el lugar de las letras y las ciencias» que, a su juicio, merece.